Gracias a un plan ideado por mis primos nos follamos a mi mamá.
Mi nombre es Emmanuel, tengo 19 años, y vivo con mi mamá, Joana, de 39 años. Mi mamá es una mujer de tez blanca y cabello castaño. Tiene unos senos generosos y firmes que siempre llaman la atención. Su figura es esbelta, pero con curvas en los lugares correctos, especialmente en sus caderas y en su trasero, que resaltan con cualquier ropa que use. Tiene una cintura definida que hace que su cuerpo sea una tentación constante. Sus piernas son largas y tonificadas, y sus ojos, de un color café claro. Su boca, de labios carnosos y rojos, es irresistible.
Tengo dos primos, Cristian y Walter, hijos de los hermanos mayores de mi mamá. Ambos son mayores que yo, uno tiene 22 años y el otro 23. Desde pequeños crecimos juntos y era habitual reunirnos, incluso cuando alcanzamos la mayoría de edad. Mi mamá es divorciada; desde que se separó de mi padre ha tenido tres parejas: un señor con el que duró casi un año, un compañero de trabajo al que dejó porque tenía familia, y su pareja actual, Mario. Él tiene 26 años y, de hecho, mi mamá lo conoció por mí, ya que es un amigo mutuo mío y de mis primos.
Esa noche, trataba de mantener la compostura. Recuerdo que me estaba lavando los dientes cuando mi mamá salió de su habitación con un baby doll color vino que dejaba ver su lencería de debajo. Comenzó a apagar las luces de la cocina y la sala. Cuando me vio, dio un brinco. «Hijo, me asustaste. Pensé que ya estarías dormido,» dijo, un poco nerviosa. «Mamá, ¿qué onda con ese atuendo?» le pregunté, intentando sonar casual. Ella se sonrojó y respondió: «Bueno, debo verme bien para Mario.» «Ah, ya veo,» le dije, asintiendo con la cabeza, tratando de no mostrar lo incómodo que me sentía. «Oye, y no se te ocurra espiarnos, ¿eh?» añadió bromeando, con una sonrisa como si tratara de aminorar la situación. «No, mamá, tranquila. Buenas noches,» le respondí, regresando a mi habitación, tratando de no pensar en lo que estaba a punto de suceder a unos metros de mí.
Para mi mala suerte, su habitación está al lado de la mía, solo la divide una pared, pero una pared de tablaroca. Podía escuchar sus risas e incluso de lo que hablaban, acompañado del sonido de la televisión. Pero no pasó mucho cuando comencé a escuchar los sonidos de la cama rechinando junto con leves gemidos de mi mamá.
«Mmm, Mario, así, no pares,» escuché a mi mamá susurrar, su tono bajo pero intenso. «Te sientes increíble, Joana,» respondió Mario, su tono profundo y seguro. «Más fuerte, por favor,» suplicó mi mamá, y la cama empezó a rechinar más fuerte, el cabecero golpeando contra la pared, creando un ritmo constante. «Sí, así, justo así,» dijo Mario, su aliento audible incluso a través de la pared. Los gemidos de mi mamá se volvieron más intensos y frecuentes, su placer evidente en cada sonido. «Me encanta cómo te mueves,» comentó Mario, su tono lleno de satisfacción. Mi mamá respondió con gemidos incontrolables, su placer palpable. «Sí, sí, no te detengas,» suplicó, su voz un ruego desesperado. La cama rechinaba y golpeaba contra la pared, creando una sinfonía de lujuria y deseo que llenaba toda la habitación. A través de la delgada pared, cada sonido llegaba directamente a mis oídos, haciéndome consciente de cada momento de su pasión. Aunque no veía nada, podía imaginarlo con claridad. Era una noche que nunca olvidaría.
Como anoche, hubo muchas más, y no solo de noche. Incluso se bañaban juntos y no desaprovecharon la oportunidad para tener también relaciones en el baño. «Ven aquí, Joana,» escuché a Mario decir desde el baño, su tono juguetón. «Estoy en la ducha, ¿vienes o no?» «Ya voy,» respondió mi mamá, con su voz risueña. Poco después, escuché a Mario decir: «Joana, tus curvas me vuelven loco.» Mi mamá rió y respondió: «A mí también me encanta cómo me tocas, Mario.» El agua corría y sus gemidos se mezclaban con el sonido del agua cayendo. «Me gusta sentirte así, mojada y caliente,» añadió Mario, su tono lleno de lujuria. «Sí, así, no pares,» suplicó mi mamá. «Me encanta cómo te mueves contra mí,» dijo Mario. «Más, por favor, más,» insistió mi mamá. El sonido del agua y sus gemidos creaban una sinfonía de lujuria y deseo que era imposible de ignorar. Los gemidos de mi mamá se volvieron más intensos, su placer evidente en cada sonido. A pesar de las repetidas ocasiones, no lograba acostumbrarme.
Pero una noche me di cuenta de que, en realidad, disfrutaba escuchar a mi mamá mientras tenía sexo. Todo gracias a mis primos. Esa noche, ellos se quedaron a dormir. Estábamos en mi habitación, ellos hablaban sobre cosas del equipo, pero yo estaba más preocupado por si mi mamá y Mario decidían esa noche tener sexo. No sabía qué pensarían mis primos. Aunque ellos ya sabían de que tenían una relación por haber sido participantes de la apuesta, no sabía si se burlaban de mí o algo así. Pensé muchas cosas, como «Hey, se están follando a tu mamá» o cosas similares.
No tardó mucho en que los gemidos y el sonido de la cama comenzaron a escucharse. Ellos de inmediato lo notaron, se vieron uno al otro, y yo solo agaché la cabeza. Cuando los sonidos se intensificaron, se le salió decir a mi primo Walter: «Asi se hace matador acaba con ella,» mientras reía. Cristian le dio un codazo. «Perdón, no quise,» dijo mi primo, arrepentido. «No pasa nada,» les dije. «Bueno, deben admitir que sí es algo excitante. Cómo gime la tía,» comentó Walter, riendo. Me reí y dije: «Sí, la verdad sí.» «Ya ves, estamos de acuerdo,» añadió Walter. Cristian, al ver mi reacción ya más relajada, también se incorporó a la plática. «Sí, la verdad que sí. Además, tu mamá está muy buena. Si fuera Mario, lo haría toda las noches con ella,» dijo, con una sonrisa pícara. «Oye, no exageres,» respondí, sintiendo cómo mis mejillas se sonrojaban. «Vamos, Emmanuel, no te hagas. Todos sabemos que tu mamá es un bombón,» insistió Walter, guiñándome un ojo. «Sí, y Mario tiene suerte de tenerla,» añadió Cristian, asintiendo. «Bueno, mientras ella sea feliz,» dije, encogiéndome de hombros. «Claro, claro. Pero no nos negarás que es bastante morboso escucharlos,» comentó Walter, con una risa. «Sí, la verdad que sí. Es como si estuviéramos viendo una película porno en vivo,» añadió Cristian, riendo. «Oye, no exageren,» respondí, aunque no pude evitar reírme también. «Vamos, Emmanuel, no te hagas el inocente. Todos disfrutamos un poco de eso,» dijo Walter, dándome una palmada en el hombro. «Bueno, puede ser,» admití, finalmente, con una sonrisa avergonzada. «¿Ves? No es nada de qué avergonzarse,» concluyó Cristian, riendo. Y así, entre risas y comentarios, nos quedamos escuchando, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo, pero también una extraña complicidad, como si estuviéramos compartiendo un secreto que solo nosotros entendíamos.
«Oye, primo, ¿y alguna vez lo has visto haciéndolo?» preguntó Walter. «No, solo lo he escuchado,» respondí. «Sin duda, sería algo muy rico de ver,» añadió Walter, con una sonrisa maliciosa. «Oye, y si le pedimos a Mario que nos deje ver. Al fin y al cabo, es muy buen amigo nuestro,» propuso Walter. «Estás loco, Mario no accedería a eso. Además, mi mamá se negaría por completo,» respondí, riendo. Cristian se quedó callado, pero luego añadió: «Bueno, hay una forma de que Mario acceda.» «¿Cuál?» preguntó Walter, intrigado. «Bueno, nunca lo dije por respeto a Emmanuel, pero Mario tiene una novia de su edad,» confesó Cristian. «Perdón, primo, no lo quise mencionar antes cuando nos contaste de que estaba saliendo con tu mamá. En realidad, él solo la utiliza para… ya sabes, tener sexo. Pero podemos usar eso en su contra. Al final, no creo que quiera perder una amante como tu mamá,» explicó mi primo. «¿En serio? ¿Y cómo lo haríamos?» pregunté, sintiéndome un poco incómodo por que la estaban utilizando pero también la excitación y curiosidad me dominaron. «Podríamos decirle algo así como: ‘Oye, Mario, si nos dejas ver a mi tía Joana follando, le diré a tu novia que la engañas con mi tia’. Es un chantaje, pero seguro que funciona,» sugirió Walter, encogiéndose de hombros. «Sí, y si se niega, siempre podemos amenazar con contarle a tu mamá. Las mujeres odian ser engañadas,» añadió Cristian. «Guau, ustedes sí que piensan en todo,» dije, impresionado. «Vamos, Emmanuel, es por el bien de la ciencia. Queremos ver cómo se mueve tu mamá en la cama,» bromeó Walter, dándome un codazo. «Sí, y quién sabe, tal vez hasta aprendamos algún truco,» añadió Cristian, guiñándome un ojo. «Bueno, no sé, suena un poco extremo,» respondí, rascándome la nuca. «Vamos, primo, ¿qué dices? ¿Nos arriesgamos?» preguntó Walter, con una sonrisa de complicidad. «No lo sé, chicos. Es mi mamá de quien estamos hablando,» dije, sintiéndome dividido entre la curiosidad y la lealtad. «Exacto, y por eso mismo, será aún más emocionante,» concluyó Cristian. Y así, entre risas y planes, nos quedamos hablando, sintiendo una mezcla de emoción, excitación y nerviosismo.
El encargado de hablar con Mario fue mi primo Cristian. Pasó una semana y mis primos y yo nos volvimos a reunir en mi casa. «Listo, ya hablé con Mario,» dijo mi primo, con una sonrisa misteriosa. «¿Y bien? ¿Qué te dijo?» pregunté, ansioso. Walter solo sonreía. Era evidente que ya sabía la respuesta. «Bueno, accedió. Lo tomó muy normal, incluso. Ni tuve que mencionar lo de decirle a su novia o a tu mamá,» explicó Cristian, encogiéndose de hombros. «¿En serio? ¿Así de fácil?» pregunté, sorprendido. «Sí,solo le pregunté por tu mamá y la plática poco a poco nos llevó a proponerle que nos deje ver. Incluso..” se detuvo Cristian, “¿Incluso? pregunte “Dijo que si queríamos, podíamos participar,» añadió Cristian. «Participar” repetí, mientras pensaba. “Eso es mucho. Incluso es algo que no creo que suceda, porque somos familia. Si fuera una chica normal, habría más oportunidades” dije, tratando de sonar tranquilo, “Solo es cosa de planear bien” respondió Walter, “Se acerca Halloween, así que usaremos esa fecha para que podamos, aunque sea, mirar,” añadió Walter, con una sonrisa pícara. «Sí, así es,» añadió Cristian, guiñandome un ojo. «Guau, chicos, esto es bastante intenso,» dije. «Vamos, Emmanuel, es solo sexo. Todos lo hacemos,» respondió Walter, dándome una palmada en el hombro. «Sí, y tu mamá es bastante abierta. No creo que se niegue,» añadió Cristian, con confianza. «Bueno, esperemos a ver cómo se da todo,» concluí, asintiendo. Y así, entre risas y planes, nos preparamos para una noche que prometía ser inolvidable sería una celebración de Halloween que ninguno de nosotros olvidaría.
Se acercó la fecha. Un día antes, nos reunimos con Mario en su casa. Al verme, se sorprendió. «Oigan, chicos, el sabe sobre lo que vamos a hacer,» preguntó, mirando a mis primos. «Sí, él sabe,» respondió Walter, asintiendo. «De por sí, ya es raro de ustedes siendo sus sobrinos, pero tú,» dijo, dirigiéndose a mí. «Déjalo, no lo molestes. Si él quiere participar en esto, solo déjalo,» intervino Cristian. «Está bien, da igual,» dijo Mario, encogiéndose de hombros. «Este es el plan: mañana es Halloween. Para que todo vaya de acuerdo al plan, armaré una fiesta de disfraces. Tu mamá ya sabe sobre la fiesta,» explicó, mirándome. «Ella sabe que solo serán un círculo de amigos muy cercanos. Además de ustedes, vendrán más amigos y amigas, pero ella no sabe que ustedes estarán aquí» añadió Mario. «No se preocupen, solo ustedes saben sobre nuestros planes,» aclaró, con una sonrisa. «Por obvias razones que todos ya conocen, no creo que Joana acceda si sabe que son ustedes los que estarán viendo. Por eso, estarán disfrazados con máscaras,» explicó Mario, detallando el plan. Todos asentimos. «Entendido,» respondimos al unísono. «Vale, los espero mañana a partir de las 10,» dijo Mario, despidiéndonos. «Nos marchamos a preparar nuestros disfraces,» concluyó Cristian. Cuando llegué a casa, mi mamá estaba lavando los platos. «Oye, hijo, se me ha olvidado comentarte: mañana iré a una fiesta en casa de Mario. Te dejaré la cena solo para que la calientes en el microondas,» me dijo, secándose las manos en un trapo. «De acuerdo, mamá. Igual pensaba salir con mis primos a dar una vuelta,» respondí, tratando de sonar casual. «Está bien, solo no se metan en problemas,» añadió, dándome un beso en la frente. «No te preocupes, mamá. Todo estará bien,» le aseguré, con una sonrisa.
Al día siguiente, tenía muchos nervios. Mis primos llegaron en la tarde, hicimos tiempo jugando en mi habitación hasta que dieron las 9 de la noche, y mi mamá ya estaba lista para marcharse. Se había disfrazado de enfermera, pero parecía más una prostituta. Escotada, con una minifalda que apenas le cubría las nalgas, ligueros y medias blancas. «Ya me voy, chicos. Sé porten bien y no hagan travesuras,» nos dijo mi mamá, dándonos un beso en la frente. «Nos vemos luego, mamá,» respondí, tratando de sonar tranquilo. «Wow, qué rica se veía,» comentó Walter, sus ojos fijos en la figura de mi mamá mientras se alejaba. «Qué ganas tengo de verla en acción,» añadió, con una sonrisa maliciosa. «Venga, chicos, vamos a cambiarnos,» dijo Cristian, abriendo su mochila y repartiendo los disfraces. «Toma, Emmanuel, este es el tuyo,» me dijo, dándome el que me tocaba. «Oye, primo, este disfraz está roto,» señalé, mostrando un desgarro en la tela. «No, no está roto, Walter los cortó todos así,» explicó Cristian. Walter, riendo, añadió: «Sí, solo hice un corte en la entrepierna, por si ya saben, necesitamos sacar algo,» dijo, guiñandome un ojo. «Vamos, chicos, pónganse los disfraces. No queremos llegar tarde,» dijo Cristian, mientras nos cambiabamos.
Cuando llegamos, Mario nos recibió. «Son ustedes,» dijo, riendo. «Vaya, sí que se ven ridículos, pero están perfectos. No se nota su identidad. Pasen,» nos indicó, haciéndonos un gesto para que entráramos. Ya había más amigos de Mario. De inmediato vi a mi mamá sentada en un sofá, charlando con unas chicas. Pasamos de largo sin saludar y nos quedamos en un rincón. «Si quieren beber algo, adelante. Solo eviten que se vea su rostro,» nos advirtió Mario. nos dio las 12 de la noche. Mi mamá bailaba con Mario, su mini falda se levantaba, dejando a la vista de todos su hermoso trasero y una tanga negra que entraba entre sus nalgas. «Qué ganas tengo de ver ese culo en acción,» dijo Walter, con una sonrisa lasciva. «Sí, yo también,» respondí, sin dejar de mirar a mi mamá. «Mira cómo se mueve, es como si estuviera invitando a que la toquen,» añadió Cristian, con un tono de admiración. «Sí, y Mario no se queda atrás. La tiene bien agarrada,» comenté, observando cómo Mario la sujetaba por la cintura, guiando sus movimientos al ritmo de la música. «Oye, y si nos acercamos un poco más. Quiero ver mejor,» sugirió Walter, dando un paso adelante. «Sí, pero con cuidado. No queremos que nos descubran,» respondí, siguiéndolo. «No te preocupes, con estos disfraces, estamos a salvo,» aseguró Cristian, riendo. Y así, entre risas y comentarios, nos quedamos observando.
Mi mamá sacó el pene de su boca mientras lo masturbaba con una mano. Giró una vez más para vernos. «¿Les gusta?» preguntó, con una sonrisa traviesa. Solo asentimos con la cabeza, “Pero digan algo, no muerdo,» añadió, riendo. Pero Mario intervino, pegando su pene en su cara. Ella sonrió. «Eres muy impaciente, amor,» dijo mi mamá, y comenzó a succionar nuevamente su pene. Lo tomaba profundamente, sus labios estirados alrededor de su circunferencia, creando un sello hermético mientras su cabeza subía y bajaba en un ritmo constante. Sus manos, una en la base y la otra acariciando sus bolas, trabajaban en sincronía, aumentando el placer de Mario. «Sí, así, Joana. Eres una diosa,» decía Mario, mientras mi mamá, con los ojos llenos de lujuria, lo miraba, disfrutando de cada sonido que él hacía, cada gemido, cada jadeo, perdiéndose en el acto, completamente absorbida en darle placer, su boca y sus manos trabajando sin descanso, haciendo que la atmósfera se volviera aún más cargada y excitante, un espectáculo que nos tenía a todos al borde, deseando más, mucho más.
Luego, Mario se apartó de mi mamá y se dirigió a un mueble, donde tomó un condón. Mientras se lo ponía, mi mamá se puso en cuatro sobre la cama, apuntando su trasero hacia nosotros. Con una mano, se masajeaba las nalgas y ella misma se daba nalgadas. «Me imagino que tienen la misma edad que Mario,» dijo mi mamá, sin dejar de darse nalgadas. «¿Les gusta el culo de una mujer madura?» preguntó, con una sonrisa pícara. Apoyó su cabeza en el colchón de la cama y, con ambas manos, se abrió las nalgas, dejando ver su vagina cubierta de vello y su ano oscuro. «Diganme, se ve que estoy muy mojada. Estoy así por ustedes. No saben lo mucho que estoy excitada por que me vean,» dijo mi mamá, su voz llena de lujuria. Mario se acercó y se puso detrás de ella. Le dio una nalgada, y mi mamá gritó. «Ven, amor, metemelo. Ya no aguanto,» suplicó mi mamá. Mario, con una sonrisa satisfecha, se posicionó detrás de ella, agarrando sus caderas firmemente. » Joana. Eres una puta deliciosa,» Dijo Mario, mientras se deslizaba dentro de ella, sus movimientos lentos y deliberados al principio, pero rápidamente aumentando en intensidad y velocidad. Mi mamá, con los ojos cerrados y la boca abierta, gemía incontrolablemente, su cuerpo respondiendo a cada embestida.
Walter comenzó a penetrarla, sosteniendo sus piernas. Comenzó lento, pero poco a poco aceleró sus movimientos, como un animal en celo. Parecía que su vida dependía de eso. «Cristian, en voz baja, me dijo: «Si que le tenía ganas.». Mi mamá gemía con fuerza. «Tranquilo, corazón, no son carreras,» dijo Walter mientras la embestía, su cuerpo moviéndose con una ferocidad animal, sus caderas chocando contra las de mi mamá con una intensidad que hacía temblar la cama, el sonido de sus cuerpos unidos llenando la habitación, mezclándose con los gemidos y jadeos de mi primo.
Cristian continuó apretando sus senos, sus dedos rozando sus pezones, haciendo que mi mamá gimiera más fuerte. «Me encanta cómo me tocas,» dijo mi mamá, su cuerpo arqueándose hacia adelante, ofreciendo sus senos completamente a las manos de mi primo. «Más profundo, quiero sentirte entero dentro de mí,» suplicó mi mamá, su voz llena de lujuria. Cristian, siguiendo sus instrucciones, levantó su cadera, permitiendo que ella bajara sobre él, entrando más profundo. Mi mamá se inclinó completamente sobre él y comenzó a mover su culo rápidamente, subiendo y bajando. Sus nalgas se movían como gelatinas, y podíamos ver cómo el pene de mi primo se cubría poco a poco de un fluido blanco que salía de la vagina de mi mamá, el cual escurría hasta los testículos de Cristian, para al final caer en la cama. «Me encanta cómo me follas,» dijo mi mamá mientras continuaba cabalgando sobre él, sus gemidos llenando la habitación, su cuerpo temblando de placer, en una visión que era a la vez excitante y perturbadora.
En eso, se acercó Mario a mí en voz baja y me preguntó: «¿También piensas follártela?» No supe qué decir; tenía dudas y a la vez miedo, pero también estaba muy excitado. Al final, solo asentí. «Vale, está bien,» respondió. «Me imagino que eres virgen,» preguntó. «Sí, lo soy,» respondí. «Vale, no pasa nada. Tu primera vez será inolvidable, créeme. Déjamelo a mí,» dijo y se apartó.
Cristian seguía follándosela cuando Mario intervino. «Cambien de posición,» dijo. «Claro, amor,» respondió mi mamá, con una sonrisa pícara. «¿En qué posición te gustaría que me follen?» le preguntó mi mamá a Mario. «Pónte de perrito,» ordenó Mario, su tono autoritario. Ella accedió y se puso de perrito, ofreciendo su trasero perfecto a Cristian. Cristian la volvió a penetrar, acariciando sus nalgas y sus muslos, sus manos explorando cada curva. Mi mamá gemía con cada entrada y salida, sus gemidos llenando la habitación. «Veo que tú eres más romántico,» dijo mi mamá, mientras giraba a mirar a Cristian, su voz entrecortada por el placer. En realidad, tenía razón. Walter se la folló con brutalidad, y Cristian la follaba con más cuidado, siendo cariñoso, acariciando su trasero e incluso su espalda, pensé. «Me encantan los hombres románticos,» dijo mi mamá, pero vamos, sube un poco la velocidad,» pidió mi mamá, su tono exigente. Cristian comenzó a acelerar sus movimientos, sus caderas chocando contra las de mi mamá con más fuerza. «Sí, así está bien. Sigue con ese ritmo,» dijo mi mamá, mientras Cristian, con sus manos firmes en sus caderas, la penetraba con un ritmo constante y profundo, sus cuerpos moviéndose en sincronía, mientras chocaban entre sí.
Cristian, con los ojos cerrados y la mandíbula tensa, sintió cómo el placer se acumulaba en la base de su pene, sacó su pene, se retiro el condon y se masturbó rápidamente, su semen salió en chorros calientes sobre la espalda y las nalgas de mi mamá, cubriendo su piel, «Me encanta cómo te corres sobre mi,» dijo mi mamá, con una sonrisa satisfecha.
«Denme un momento, hermosos,» dijo mi mamá, saliendo desnuda de la habitación hacia el baño. «Ahora es tu turno,» dijo Walter. «Déjenmelo a mí,» intervino Mario, no pasó mucho cuando mi mamá regresaba. «Estoy lista”, me dijo, tomando un condón. Pero Mario la detuvo. «Espera, es su primera vez. ¿Por qué no lo hacen sin condón?» preguntó Mario. Mi mamá, sorprendida, respondió: «No, amor. ¿Y si me embarazo?» respondió ella, «Sabes que eso no va a ocurrir. Puedes tomar alguna pastilla después,» dijo Mario. «Pero, amor, es por seguridad. No sé si me pueda contagiar con algo,» respondió mi mamá. «¿De qué te puedes contagiar si él es virgen? añadió Mario, “Venga, ya no pongas más excusas y haz que su primera vez sea especial,» dijo Mario, mientras le quitaba el condón de la mano. Mi mamá se quedó parada, sin saber qué hacer. Mario la guió a la cama y la empinó. «Ven, acércate,» me dijo. De los nervios, mi pene comenzó a ponerse flácido. «Tranquilo, o no vas a poder follártela,» dijo Mario. Mi mamá se giró y notó como mi pene perdía dureza. «En realidad, sí es tu primera vez, ¿verdad?» preguntó mi mamá. Se dio vuelta y se acercó a mí. «Relájate, te trataré bien,» dijo, y tomó mi pene con su mano, comenzando a masturbarme. Poco a poco, comencé a estar duro. Ella no se detuvo; se llevó mi pene a la boca y comenzó a chuparlo. Esa sensación de humedad y succión era increíble, algo que nunca había sentido ni me había imaginado que se sentiría así. Ella continuó con movimientos lentos, sacando mi pene para lamerlo. «Ya ves, hermoso, ya estás duro otra vez,» dijo, sonriendo. «Ahora quiero que los disfrutes,» añadió, levantándose de nuevo. «Ven, ponte detrás de mí,» me indicó. Me coloqué como ella me ordenó, pasando su mano por debajo entre sus piernas. Tomó mi pene y, guiándome, lo llevó a su entrada. «Ahora, solo empuja. Yo te ayudo,» dijo, mientras me guiaba a su entrada. Poco a poco, mi pene entró en su vagina, haciendo que esa sensación de calor y humedad me invadiera. «Ya estás dentro, cariño. Ahora mueve tus caderas y apoya tus manos en mi cintura. No te preocupes, yo estaré guiando tu pene para que no salga,» dijo mi mamá, mientras comenzaba a moverme. Ella empezó a gemir,”Vas bien. Sigue así. Lo estás haciendo de maravilla. Tómate tu tiempo. No es necesario que aceleres hasta que sientas que le agarraste el modo,» dijo mi mamá. No podía creerlo. En realidad, estaba teniendo sexo por primera vez y era con mi propia madre.
La sensación de su cuerpo contra el mío, sus gemidos, y la manera en que se movía eran abrumadoras. Cada empuje me llevaba más cerca de correrme, y aunque intentaba controlar mis movimientos, la intensidad del momento me hacía perder el control. Tuve que sacar mi pene en una ocasión por miedo a correrme. «¿Qué pasa, hermoso?» preguntó mi mamá, pero no podía hablar. Si lo hacía, me iba a delatar. Esperé un poco y lo volví a meter. «Vamos, es fácil. Solo no pienses en correrte,» me decía a mí mismo, y poco a poco comencé a acelerar mis movimientos, deteniéndome cuando sentía que me corría. «Oye, si te quieres correr, solo hazlo,» dijo mi mamá al notar que me detenía. «No pasa nada, podemos volver a hacerlo en cuanto te repongas. La noche es joven,» añadió, reconfortado por sus palabras, seguí con mis movimientos torpes. La verdad, no supe si ella fingía sus gemidos, pero sonaban muy rico. Comencé a acelerar más el mete y saca. «Sí, así, vas bien, hermoso. Llena a esta madura cuando quieras,» dijo mi mamá, sin retirarme. Seguí, a pesar de las sensaciones de querer correrme, y sin poder más, dejé salir mi semen dentro de ella. «Sí, papi, dame tu lechita,» dijo cuando comencé a correrme, su voz llena de lujuria, mientras yo, con un gemido profundo, liberaba todo mi deseo, sintiendo cómo cada gota de mi esencia llenaba su interior, en una explosión de placer que nos dejó a ambos pegados por un breve momentos me separe de ella y ella se giro,
Autor: Lord Lunático
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Gracias a Lord Lunático por colaborar con el blog!!!
ResponderBorrarEl fin de semana actualizaré Relatos Privados, los lectores que no comentaron el último relato ahí publicado serán eliminados y tomarán su lugar los que si comentan en las demás secciones del blog.
Una pregunta que para mí es importante.
BorrarSi algún relato sea el que fuese no me gustase o no allá sido de mí agrado.
Es necesario comentar.
No quédate desubicado al poner un .. no me gusto o sea lo que fuere .
No sé bajaría la autoestima del autor que se esfuerza en escribir.
No sería mejor no poner nada o si o si hay que devolver al autor su comentario.
No sé si me esplico.
Digo y pregunto por el autor si se enojara con un comentario negativo (obio sin llegar al insulto ) siempre con el debido respeto. Nada era una duda que tenía .
Gracias por tu atención abrazo grande
Gasty
Si no te gusta, comentas no me gusta, mientras sea con educación no hay problema. El blog es democrático... mientras no critiques a Independiente, eso es motivo de expulsión y extermino jajajaja
BorrarAA con que sos diablito eee jajaja dale gracias abrazo
BorrarYo creo que si la critica es de buena leche y educadamente no habría drama yo lo dije mil veces en todorelatos donde muchos te critican por criticar y de mala leche
BorrarExcelente relato... Cómo habrá sido seguir viviendo con la madre, sabiendo lo que pasó, y las ganas de repetirlo... Y Mario debe de ser muy bueno atendiendo a la señora
ResponderBorrarMm raro que no se entere ..para mí se iso la boluda y sabe bien quién fue cada uno más a mí no me jode también está la otra que era para poder abrirse más en las relaciones y tener otros tipos de encuentros.
ResponderBorrarNo sé igual estuvo bueno entretenido y lo especial que tienen estos relatos es que te transporta a que sos protagonista y los ves en directo asen que estés en ese lugar
Abrazo grande al autor
Gasty
Muy bien relato, comprobaron q la madre es tremenda perra y le encanta la pija!!! Me puso al palo mal!! Y estaría q la siguiera con algunas experiencias mas q se la cogan sin máscara y sea la putita de la flia!! De los primos o del hijo!!! Gracias por el relato abrazo grande
ResponderBorrarUfff excelente relato, promete una continuación, donde se vaya corrompiendo tanto madre como hijo quizá un triángulo amoroso no se jajaja, gracias por el aporte lord lunatico
ResponderBorrarComparto con Gasty que la madre sabía algo y más con el último comentario.
ResponderBorrarDe todas maneras la fantasía hecha realidad cumplió las expectativas de estos pibes..con el morbo justo y la calentura a tope.
Uyy le gusta él colágeno a la Señora.
ResponderBorrarConcuerdo con los demás comentarios, ella sabía quiénes eran y eso da para continuar la historia.
Gracias por compartir los relatos.
joandrox@gmail.com
Muy buen relato cargado de morbo, gracias por compartirlo....
ResponderBorrarMuy muy bueno
ResponderBorrarGran relato, morbo muy alto
ResponderBorrarque lo parió, que buen relato
ResponderBorrarEstupendo relato. Muchas gracias. Me gustaron los diálogos
ResponderBorrarmuy bueno gracias por compartirlo ojala siguas publicando
ResponderBorrarQue buena experiencia, aunque creo que la mamá tendría sus sospechas. Muy buen relato, será que con la relación abierta, se habrá enterado de la verdad
ResponderBorrarWoooow, que morbosa situacion. Aunque en verdad es genial como las situaciones fluyan sin ninguna problema. Primero que un grupo la vea, con las mascaras puestas, que todos participen y encima le quitara la virginidad a su hijo, fue realmente excitante. Aunque yo siento que en el fondo si sospechaba quienes eran.
ResponderBorrarMuy bueno, me agradó el desarrollo del tema , el hecho que la mujer sea tan liberal da lugar a una segunda parte. También comparto la idea que ella sabe quienes son beneficiados de sus encantos. Hasta donde la hará llegar Lord Lunático, estaré pendiente.
ResponderBorrarBuen a trama, la orgia estubo bien explicada, uno podia sentirse dentro de la historia, me gusto mucho imaginar ser otro primo y follarme a mi tia, encima la tia disfrutando de unos jovencitos ufff muy buen relato, la verdad es que me ha encantado esta seccion mientras esperamos que Gus nos regale otro relato suyo...
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