Me llamo Alejandro, tengo 18 años. No soy muy distinto a otros chicos de mi edad, salvo por un secreto que llevo arrastrando desde que empecé a notar cosas, hace algunos años. Mi fetiche, mi obsesión callada, es mi madre, Sofía. No es algo de lo que pueda hablar con nadie, ni siquiera en internet. Es algo que vive solo en mi cabeza, alimentado por miradas robadas, por el sonido del agua corriendo por la mañana, por el rastro de su perfume en el pasillo. Sofía. Mi madre. Tiene cuarenta y dos años, pero conserva una figura que siempre atrae miradas en la calle. Tiene el cabello castaño rubio y largo, que suele llevar recogido, unos ojos claros que parecen verlo todo y unas tetas que parecen melones. Trabaja como arquitecta, es práctica, elegante, y a veces, distante. Esa distancia, ese misterio, es lo que más me atrae. Todo comenzó un sábado por la mañana. La casa estaba en silencio, solo el rumor lejano de la ciudad. Sabía que ella se bañaba a esa hora, después de su trote matutino. El ...
Relatos escritos por y para lectores